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12 may 2009

Cómo desentrañar la vida secreta de las palabras


Nos quedan las palabras, menos mal. Siempre me gustó jugar con ellas, dejarlas caer, desentrañarlas, jugar con sus significados (darles el mio, captar el tuyo), interpretarlas... Y es que las palabras no pueden asignarse unívocamente a cosas, actos o experiencias.


Era Saussure quien decía que la relación entre significante y significado es arbitraria, ya que un significante no tiene por qué asociarse con determinado significado. De ahí que la variedad de opciones a la hora de hablar, escribir, escuchar, leer sea tan diversa como sus distintas interpretaciones... Es más, las relaciones que hay entre la palabra y el mundo tampoco son exclusivas del arte verbal; es decir, para expresarnos no es indispensable el lenguaje verbal-oral ni tampoco el verbal-escrito, basta con una mirada, un gesto, una mano...

Lo que quieras oír, que no escuchar:

Lo que no se expresa con palabras:

Cosas que nunca te dije:

28 sept 2008

Poema del día: BLAS DE OTERO (En el principio)


Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.



Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

¡Pido la paz y la palabra!

10 feb 2008

Dime cómo hablas y te diré quién eres


La palabra es la materia básica para entender lo humano. No estaría de más emprender una campaña de limpieza lingüística en contra del lenguaje discriminatorio, irrespetuoso, prepotente e humillante. Y no me refiero sólo ni exclusivamente al lenguaje discriminatorio ni a cuestiones de género ni tampoco a expresiones xenófobas. Lamentablemente, la frecuencia de expresiones y las actitudes despreciativas están a la orden del día; pero lo más detestable es que, además, se utilicen también en los lugares de trabajo. Las personas también son agredidas cuando «otros» abren su deslenguada boca, sufren un envenenado ataque verbal y soportan una agresión tan insultante como grave.
La lucha en contra de estas situaciones pretende consolidar la política de igualdad y que no se violen más el respeto a las personas, mujeres y hombres. Por tanto, expresiones que se usan casi habitualmente en lo que algunos denominan "discusiones agitadas", deben evitarse:«la cagó», cuando alguien comete un error; ni «la está cagando» si alguien no está de acuerdo con lo que escucha. En ningún caso, cuando una persona plantea temas debería obtener como respuesta «ya está con sus pajas mentales». El español tiene un rico y variado léxico que puede y debe utilizarse para estas situaciones. El lenguaje es una herramienta de comunicación entre mujeres y hombres y –ya digo- la palabra es la materia básica para entender lo humano.
Las palabras, junto con la mirada, son el reflejo del alma; pero también son la imagen de quien las utiliza. Expresiones malsonantes, insultantes, irrespetuosas y políticamente incorrectas muestran, además de la catadura humana de quien las utiliza, una pobreza de léxico, un soez vocabulario y gran falta de educación. Si no se pone freno al uso y abuso de ciertas palabras, el lenguaje perderá su sentido, solvencia, tino y sensibilidad. Y es que «la lengua esconde un genio interno, invisible inaudible, antiguo, que podemos reconstruir si seguimos las pistas que nos dejan sus hilos» (Álex Grijelmo: El Genio del Idioma, Madrid, Taurus, 2004).
Quizás ésta sea otra lucha que empieza en solitario… ¡Ha habido otras muchas reivindicaciones que empezaron aisladamente, siendo minoritarias! Recuerdo palabras de María Zambrano (Hacia un saber sobre el alma, Alianza, Madrid, 1987). Decía algo así: “Escribir es defender la soledad en que se está”. Pero en el fondo paradójico de la soledad hierve el deseo de vida común: pues la defensa de la soledad celebra la “victoria de un poder de comunicar”.

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