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20 sept 2009

Soledades



Ellos tienen razón:
esa felicidad,
al menos con mayúscula, no existe.
¡Ah! pero si existiera con minúscula
sería semejante a nuestra breve pre soledad.
Después de la alegría viene la soledad, después de la plenitud viene la soledad, después del amor viene la soledad.
Ya sé que es una pobre deformación
pero lo cierto es que, en ese durable minuto,
uno se siente solo en el mundo:
sin asideros, sin pretextos, sin abrazos, sin rencores, sin las cosas que unen o separan.
Y en esa sola manera de estar solo
ni siquiera uno se apiada de uno mismo.
Los datos objetivos son como sigue:
hay diez centímetros de silencio entre tus manos y mis manos,
una frontera de palabras no dichas entre tus labios y mis labios
y algo que brilla así de triste entre tus ojos y mis ojos.

Claro que la soledad no viene sola.
Si se mira por sobre el hombro mustio
de nuestras soledades,
se verá un largo y compacto imposible,
un sencillo respeto por terceros o cuartos.
¡Ese percance de ser buena gente!
Después de la alegría,
después de la plenitud,
después del amor viene la soledad.

Conforme, pero
¿qué vendrá después
de la soledad?

A veces no me siento tan solo
si imagino…
Mejor dicho, si sé
que más allá de mi soledad y de la tuya
otra vez estás vos
aunque sea preguntándote a solas
qué vendrá después de la soledad.

Texto de Mario Benedetti
Fotografía: Soledad Flaubert

24 may 2009

Mañana, lunes



19 may 2009

¿Tendrá consecuencias una firma contra de la arbitrariedad de los "poderosos"?


Después de un día denso, intenso, lunes... Se entremezclan sensaciones... Hoy he hecho algo que me lo pedía el cuerpo y el corazón, aunque no sé cuanto me costará ni qué consecuencias tendrá el garabato que he estampado en ese papel. Lo he hecho porque me ha parecido lo correcto y, además, parece que ahora otros luchan ahora por lo mismo que yo había luchado sintiéndome sola; hasta ahora, me había sentido sola. En coherencia, no podía mirar hacia otro lado. ¡Al menos, espero que sirva de algo, aunque no sé qué consecuencias tendrá!
Jefe, voy a decirle algunas cosas... Hace un ratito estaba acordándome de Mario Benedetti (Poemas de la oficina: 1953-1956), y aunque ustedes no tienen nada que ver porque él es un hombre sencillo, con gran corazón y usted es un pedazo de carne lleno de ambición, voy a decirle algunas cosas, aunque todas ya se las haya dicho antes:
Jefe, usted está aburrido, aburrido de veras. Hace veintisiete años que sabe sus asientos, que comprueba los saldos y revuelve el café...
Jefe, está aburrido y se le nota en los ojos, en la voz, en las órdenes, en el paso, en las mangas de esa chaqueta arrugada que simula ser moderna. Se le nota el aburrimiento porque usted está aburrido y tiene una vida pobre a pesar de sus asientos.
Jefe, usted está aburrido y cree que nadie lo sabe, pero lo sabemos todos. Eso último le molesta más que nada porque los supuestamente poderosos no pueden aburrirse, ni tienen miserias; sonríen indiscriminadamente para quedar bien con todos, aunque por detrás los apuñalen por la espalda; se creen eternos y usted, jefe, va a morirse como yo, como ése, como aquél.
Jefe, usted va a morirse, aunque pregone a los cuatro vientos que "ellos pasan y usted permanece". ¡Qué miseria! Lo que permanecerá de usted tan sólo será un mal tufillo y la babas de su lengua viperina.
Jefe, usted siempre ha estado sólo porque rodearse de serviles sirvientes para soltar globos sonda, amenazar y difundir cosas que no son verdad, porque eso para mi es estar solo.
Jefe, le decía que sabemos lo que esconde, lo que hizo, lo que se propone... Por eso usted está rabioso de ira y se le nota. Se le nota la rabia contendida porque puede escurrírsele el poder sobre el cortijo que no es suyo, es de todos. Usted ha destrozado algunas vidas, ha robado vidas, ha castigado a los que no se han vendido, a quienes no han tenido precio, a los que piensan, a quienes le molestan porque no son borregos, obedientes ni testigos silenciosos de su mala gestión y de sus trapicheos.
Por eso, esperamos que grite más, que diga más tacos, que dé más golpes en la mesa, que continué machacando al personal, muéstrese tal cual es de insoportables, orgulloso, tirano, ordinario y sin respeto hacia los demás. Ya estamos acostumbrados y a usted no le cuesta nada.
¿Se acuerda de su frase favorita? La ha repetido hasta la saciedad y la ha expresado con orgullo: a mis amigos, les enseño el culo, a mis enemigos les doy por culo y a los indiferentes les aplico la ley vigente. En efecto, se vale de la ley para legalizar lo que no es legal.
En fin...De momento, he firmado... ¡A ver qué pasa!



"Hasta mañana", hasta siempre, Mario Benedetti (1920-2009)


A veces, el dolor se dice callando, se expresa callando; otras se transforma disfrazado de euforia sin saber porqué. Hoy, sin motivos ni poqués he vuelto a mi casa eufórica. Ahora que he parado, que me he quedado conmigo misma no sé qué decir... La verdad es que no sé qué decir... Lo que sí sé es que no quiero acostarme sin decirle "hasta mañana" a Mario Bendetti, aunque cuando me enteré de que se había ido, lo primero que recordé fue "Hagamos un trato". Escuché dentro de mí su voz "Hagamos un trato" y es que esas palabras que están instaladas en mi interior.


HASTA MAÑANA, MARIO:

TÁCTICA Y ESTRATEGIA:

HAGAMOS UN TRATO:

8 mar 2008

A la muerte de un canalla...


ORBITUARIO CON HURRAS
... porque los canallas también se mueren, vamos a festejearlo.

Vamos a festejarlo
Vengan todos

Los inocentes
Los damnificados
Los que gritan de noche
Los que sufren de día
Los que sufren el cuerpo
Los que alojan fantasmas
Los que pisan descalzos
Los que blasfeman y arden
Los pobres congelados
Los que quieren a alguien
Los que nunca se olvidan

vamos a festejarlo
vengan todos
el crápula se ha muerto
se acabó el alma negra
el ladró
el cochino
se acabó para siempre
hurra
que vengan todos
vamos a festejarlo
a no decir
la muerte
siempre lo borra todo
todo lo purifica

cualquier día
la muerte
no borra nada
quedan
siempre las cicatrices

hurra
murió el cretino
vamos a festejarlo
a no llorar de vicio
que lloren sus iguales
y se traguen sus lágrimas

se acabó el monstruo prócer
se acabó para siempre
vamos a festejarlo
a no ponernos tibios
a no creer que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto cualquiera

vamos a festejarlo
a no volvernos flojos
a no olvidar que éste
es un muerto de mierda.

Mario Benedetti (escritor uruguayo)

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