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20 mar 2008

¿Eutanasia?


Chantal Sébire no quería seguir viviendo. Esta tarde aparecía muerta en su domicilio de Dijon (centro de Francia), según ha informado el ministerio del Interior francés.
Hace dos días, el Tribunal de Gran Instancia de Dijon denegó su petición para que le fuera aplicada la eutanasia activa, ya que sufría un cáncer incurable en la cavidad nasal que se iba extendiendo hacia el cerebro y le producía serios daños, como una ceguera progresiva, así como intensos dolores.
El tipo de dolencia de Sébire sólo es padecida por unas doscientas personas en el mundo y tiene como efecto la deformación anómala de su cara, así como un sufrimiento permanente que dosis de morfina no conseguían limitar plenamente.
Por el momento se ignoran las circunstancias en que se ha producido la muerte de la mujer, una maestra de escuela con tres hijos que apeló a la "humanidad" de la Justicia en su deseo de morir con dignidad.
Sébire solicitó por carta al presidente de la República, Nicolas Sarkozy, la legalización de la eutanasia el pasado 6 de marzo. La paciente aseguró hace unos días que no recurrirá la sentencia y manifestó su deseo de acudir a Suiza, donde la eutanasia es legal. La ley Leonetti, redactada en 2005, autoriza a los enfermos a rechazar un tratamiento, lo que permitiría inducir a la Sébire a un coma y dejar de alimentarla hasta su muerte. Sébire rechazaba esta opción por considerarla una "agonía indigna".
Una excepción a la Ley de cuidados paliativos
Esta misma tarde, el ministro francés de Asuntos Exteriores Bernard Kouchner, se desmarcaba de buena parte del Ejecutivo y defendía una excepción a la ley francesa que impide la eutanasia activa, apoyando así la petición de Sébire, que reclamaba su derecho a morir dignamente.
"Me parece muy difícil no poder ofrecerle una puerta de salida, que sería una puerta de amor con los suyos. Sería necesaria una excepción a la ley", declaró Kouchner, médico y fundador de las ONG Médicos sin Fronteras y Médicos del Mundo.
La experiencia de Chantal Sébire ha suscitado un debate en
Francia acerca de la eutanasia e incluso motivado que este jueves mismo el Gobierno haya encargado al diputado Jean Leonetti un estudio sobre las eventuales lagunas de la legislación. Leonetti fue el ponente de la ley de 2005 que regula casos como el de la mujer de Dijon y para lo que la única respuesta en la denominada eutanasia pasiva, que permite a los médicos dejar morir, pero no ocasionar la muerte de modo activo.
Antes de conocer la sentencia del tribunal de Dijon Chantal Sébire había declarado estar dispuesta a cumplir con su deseo de morir dignamente e incluso apuntó la posibilidad de desplazarse a Suiza, uno de los países europeos que autoriza la eutanasia activa junto con Holanda y Bélgica.
El caso ha generado divisiones en el seno del Gobierno, donde el titular de Exteriores y médico de formación, Bernard Kouchner, ha abogado por permitir a la enferma la eutanasia activa para que no se suicidara "en la clandestinidad, algo con lo que todo el mundo sufriría, sobre todo su familia".

Chantal eligió libremente morir



Chantal Sébire apareció muerta esta tarde en su domicilio de Dijon (en el centro de Francia), según aseguró el periódico francés Le Monde citando al ministerio del Interior francés Ella ya no quería vivir más, pero no la dejaban hacer su voluntad. Hace dos días, un tribunal francés había rechazado el pedido de eutanasia activa solicitado por esta mujer francesa que sufría un tumor maligno que le había desfigurado la cara y la había dejado ciega.
En los últimos 20 años se han registrado en todo el mundo cerca de mil casos similares al de Sébire, la mujer diagnosticada con esta enfermedad incurable hace 12 años. Primero perdió el olfato y el sentido del gusto, y más recientemente la vista. El tumor no pudo ser tratado con quimioterapia
En las últimas tres semanas, el caso de esta mujer con tres hijos conmocionó a la opinión pública en Francia, donde está prohibida la eutanasia activa.
El lunes, el tribunal argumentó que su pedido está en contradicción con la obligación de los médicos de salvar vidas y también en contradicción contra el derecho penal que castiga la eutanasia.
La mujer había pedido un permiso para que su médico le pudiera administrar una dosis médica mortal. "Si no consigo en Francia medicamentos que preciso, los buscaré en otro lado", había dicho.
Pese a la negativa de la justicia, había indicado que no abandonaría su lucha por una "muerte digna". Tal vez no haya sido digna, pero la muerte finalmente le llegó.

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