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17 sept 2009

Acosadores morales: asesinos sin castigo

Hace tiempo, me preguntaba quienes y cómo son los psicópatas; después me plantee qué tipos de personas son maltratadas por el psicópata; hoy me apetece hacer describir algunas características quienes practican el acoso psicológico en el trabajo que, además de psicópatas y mala gente, son
1. Narcisistas: personaje que establece con los demás relaciones de fuerza, desconfianza y manipulación. Se abre camino aprovechándose e los demás y, a su vez, intentando quedar bien. Es hábil y seductor como una víbora asesina
2. Paranoicos: vive permanentemente a la defensiva, se siente amenazado por todos y todo porque piensa que quieren quedar por encima de él o quitarle el puestecillo. Por eso centra su esfuerzo en aplastar a su presunto rival.
3. Inútiles: como le han regalado el puestecillo, está constantemente intentando demostrar su falsa valía. En el fondo es una persona acomplejada, limitada e insegura profesionalmente. Para ocultar su propia realidad, destroza las carreras profesional y aplasta las vidas de otras personas, generalmente brillante y coherentes.
4. Irascibles: cambia de humor continuamente con el objetivo de intimidar y hacer que los demás se sientan inseguro. Este tipo de personas funcionan elogiando o desvalorizando a su antojo.
5. Frustrados: se desahoga en la empresa. Es frecuente que se muestre como una persona caprichosa y muchas veces intente sobreponerse a sus preocupaciones mediante intrigas y acoso.
6. Pedantes y criticones: sabe más que nadie. Todo es criticable y se pasa la vida buscando errores con el objetivo es demostrar que los demás están equivocados. Con esa actitud intenta hacer vacilar a quienes le rodean.
Consultar fuente del contenido
- El Narcisista
- El Inútil
- El Paranoico
- El Irascible
- El Fustrado
- El Pedante

14 sept 2009

La víbora asesina


El "Mobbing" o acoso laboral, es un concepto procedente de la etología, descrito por Konrad Lorenz como un ataque en coalición de los miembros débiles de una misma especie contra otro más fuerte que ellos. El acoso laboral, se define como el continuo y deliberado maltrato que recibe un trabajador por parte de sus jefes o de los otros trabajadores, para conseguir su destrucción psicológica y obtener una salida de la organización.

¡¡¡¡Hei!!!!! Las víboras asesinas también enferman y mueren...


Fuente de la imágen: El Nido de Víboras

13 ago 2009

Impresionante relato de una víctima de acoso moral

Carta al Director, escrita por María Rodríguez.

El trabajo es hoy en día un bien preciado y dicen que quien tiene uno se debe sentir agradecido a Dios. ¿Pero cómo se debe sentir una persona que tiene un puesto de trabajo desde hace veinte años por el que ha dado todo y con el que se ha sentido identificada y totalmente involucrada y desde hace algún tiempo está sufriendo acoso laboral para que se canse y se aburra hasta límites insospechados y que no le quede otra opción que renunciar a ese bien tan preciado?
He podido comprobar en propias carnes que el acoso al que someten a una persona tiene como objetivo despojarla de algo que para un ser humano es sagrado y vital para su existencia.
Nos quieren arrebatar la dignidad que cada uno tiene, hacernos sentir nuestros miedos más primitivos, más instintivos y que nos convierten en simples animales acorralados cual servatillos que corren despavoridos.
Así mismo me he sentido yo en estos últimos años, nada me ha diferenciado de una presa que siente que le estalla el pecho ante el miedo de la presencia del lobo ó depredador de turno.
Llegué a perder mi capacidad de razonar y discernir mis actos y sus consecuencias y solo respondía a estímulos externos que al tiempo he descubierto estaban programados y con una clara estrategia de acoso y derribo. Dicen que el perfil de los acosados responde siempre a un patrón común y que entre otras cosas serían personas inteligentes, responsables, integras, que se implican emocionalmente en su empresa y por eso son más sensibles a todo lo que se desarrolla a su alrededor, a esa trama de la que son protagonistas principales, sin poder siquiera imaginárselo.Sin saberlo, nos convertimos en el centro de una trama que consiste en deshacerse del empleado que por motivos comerciales y empresariales ha dejado de ser útil con el mínimo coste económico para la empresa.
Nadie que no haya vivido la situación puede entender como te hace sentir todo esto, el desconcierto inicial que al principio no te hace consciente y ni siquiera logras comprender que está pasando.
Los cambios de estados de ánimo son normales, pasas de sentirte culpable a una rabia desmedida al ser el objeto diario de distintas vejaciones e insultos.
Uniendo todo al final para la persona que sufre acoso el ir a trabajar supone un suplicio, pero no por el propio trabajo a realizar sino por lo que no sabes te van a hacer en el día.
La incertidumbre y las palpitaciones del corazón se convierten en algo habitual del día a día y el trabajo que amabas y por el que durante veinte años dedicastes tanto, no solo de tu vida laboral sino personal, pasan a ser un martirio diario que irremediablemente han pasado factura a mi salud, mis noches son más largas y ya no sé lo que es comer sin vomitarla por el ácido que mi estómago segrega ante la situación que estoy viviendo.
Una vez te pones en tratamiento los profesionales te medican y sicológicamente me han dado apoyo para entender (sobre todo para entender) que no es nada personal. Soy un número más y mi empresa, ese ente sin sentimiento ha decidido prescindir de mí y como soy una costosa indemnización prefiere utilizar todas las artes para que este le sea menos gravoso económicamente. Aunque duela, hasta aquí bien pero ¿y la administración y los derechos de los trabajadores, esos tan cacareados y por los que tantas personas han muerto en el pasado?
Pues señoras y señores, si han conseguido leer hasta aquí mi historia, les diré que nada de nada. La administración ni te ayuda ni te muestra el más mínimo apoyo a que la verdad y la justicia se hagan un hueco entre tanto despropósito. Mis compañeros de trabajo, testigos desde hace cinco años de lo ocurrido, miran para otro lado.
Los insultos y vejaciones han sido de puertas para adentro, como no podía ser de otra forma, y al conseguir una grabación donde el empresario reconoce que ha existido un acoso (pero solo por parte de algunas compañeras) me fabrica un despido por causas objetivas donde yo debo encima de sentirme agradecida a la empresa por darme una limosna.
Pero, según no sé que artículo del Código Penal las grabaciones no son válidas porque atento contra la intimidad de la otra persona.
Y yo me pregunto, donde queda mi derecho a la intimidad, mi derecho al trabajo digno, mi derecho a la salud, mi derecho como ser humano y otros tantos derechos que han sido ignorados, pisoteados y todo en nombre de intereses económicos.
Entre tanta desesperación he pensado en plantarme delante de la empresa en una tienda de campaña y hacer una huelga de hambre hasta que la gente se entere de lo que son capaces y por lo menos que el silencio no les sirva para echar tierra encima de lo ocurrido.
En este momento en el que me encuentro me siento totalmente abatida por las circunstancias. Si me sentí acosada en la empresa ahora me siento ignorada por la administración pública y por los organismos que dicen proteger al trabajador.
Siento que los empresarios han montado todo un tinglado, en connivencia con no sé quien, para que si bien existen derechos de cara a la galería poco ó nada puedan hacer los trabajadores para que éstos se hagan efectivos. Los abogados tienen miles de casos en esta época y no digamos los sindicatos.
La verdad y la justicia dejan de ser importantes ante la crisis que es utilizada por empresarios sin escrúpulos que quieren aprovecharse de ella para despojarse de los trabajadores antiguos con derechos adquiridos y que tanto le cuestan a sus arcas.
Gracias por leer estas líneas de desesperación y no pongo mi nombre y mi apellido porque encima me arriesgo a recibir una demanda por injurias porque si bien mis pruebas no valen ante un Juzgado, la empresa podría utilizar este escrito para denunciarme a mí.
Ver fuente: María Roríguez (Cartas al Director)
Fuente de la imagen

18 jun 2009

Objetivo del acosador laboral: "Que se aburra y que se vaya"


No basta con denunciar el acoso moral en el trabajo, hay que demostrarlo. María Rodriguez Lo explica así:
¿Cómo se debe sentir una persona que tiene un puesto de trabajo desde hace veinte años por el que ha dado todo y con el que se ha sentido identificada y totalmente involucrada y desde hace algún tiempo está sufriendo acoso laboral para que se canse y se aburra hasta límites insospechados y que no le quede otra opción que renunciar a ese bien tan preciado? He podido comprobar en propias carnes que el acoso al que someten a una persona tiene como objetivo despojarla de algo que para un ser humano es sagrado y vital para su existencia.
Nos quieren arrebatar la dignidad que cada uno tiene, hacernos sentir nuestros miedos más primitivos, más instintivos y que nos convierten en simples animales acorralados cual servatillos que corren despavoridos.
Así mismo me he sentido yo en estos últimos años, nada me ha diferenciado de una presa que siente que le estalla el pecho ante el miedo de la presencia del lobo ó depredador de turno. Llegué a perder mi capacidad de razonar y discernir mis actos y sus consecuencias y solo respondía a estímulos externos que al tiempo he descubierto estaban programados y con una clara estrategia de acoso y derribo. Dicen que el perfil de los acosados responde siempre a un patrón común y que entre otras cosas serían personas inteligentes, responsables, integras, que se implican emocionalmente en su empresa y por eso son más sensibles a todo lo que se desarrolla a su alrededor, a esa trama de la que son protagonistas principales, sin poder siquiera imaginárselo. Sin saberlo, nos convertimos en el centro de una trama que consiste en deshacerse del empleado que por motivos comerciales y empresariales ha dejado de ser útil con el mínimo coste económico para la empresa. Nadie que no haya vivido la situación puede entender como te hace sentir todo esto, el desconcierto inicial que al principio no te hace consciente y ni siquiera logras comprender que está pasando. Los cambios de estados de ánimo son normales, pasas de sentirte culpable a una rabia desmedida al ser el objeto diario de distintas vejaciones e insultos.
Uniendo todo al final para la persona que sufre acoso el ir a trabajar supone un suplicio, pero no por el propio trabajo a realizar sino por lo que no sabes te van a hacer en el día.
La incertidumbre y las palpitaciones del corazón se convierten en algo habitual del día a día y el trabajo que amabas y por el que durante veinte años dedicaste tanto, no solo de tu vida laboral sino personal, pasan a ser un martirio diario que irremediablemente han pasado factura a mi salud, mis noches son más largas y ya no sé lo que es comer sin vomitarla por el ácido que mi estómago segrega ante la situación que estoy viviendo.
Una vez te pones en tratamiento los profesionales te medican y sicológicamente me han dado apoyo para entender (sobre todo para entender) que no es nada personal. Soy un número más y mi empresa, ese ente sin sentimiento ha decidido prescindir de mí y como soy una costosa indemnización prefiere utilizar todas las artes para que este le sea menos gravoso económicamente. Aunque duela, hasta aquí bien pero ¿y la administración y los derechos de los trabajadores, esos tan cacareados y por los que tantas personas han muerto en el pasado?
Pues, señoras y señores, si han conseguido leer hasta aquí mi historia, les diré que nada de nada. La administración ni te ayuda ni te muestra el más mínimo apoyo a que la verdad y la justicia se hagan un hueco entre tanto despropósito. Mis compañeros de trabajo, testigos desde hace cinco años de lo ocurrido, miran para otro lado.
Los insultos y vejaciones han sido de puertas para adentro, como no podía ser de otra forma, y al conseguir una grabación donde el empresario reconoce que ha existido un acoso (pero solo por parte de algunas compañeras) me fabrica un despido por causas objetivas donde yo debo encima de sentirme agradecida a la empresa por darme una limosna.
Pero, según no sé que artículo del Código Penal las grabaciones no son válidas porque atento contra la intimidad de la otra persona.
Y yo me pregunto, donde queda mi derecho a la intimidad, mi derecho al trabajo digno, mi derecho a la salud, mi derecho como ser humano y otros tantos derechos que han sido ignorados, pisoteados y todo en nombre de intereses económicos.
Entre tanta desesperación he pensado en plantarme delante de la empresa en una tienda de campaña y hacer una huelga de hambre hasta que la gente se entere de lo que son capaces y por lo menos que el silencio no les sirva para echar tierra encima de lo ocurrido.
En este momento en el que me encuentro me siento totalmente abatida por las circunstancias. Si me sentí acosada en la empresa ahora me siento ignorada por la administración pública y por los organismos que dicen proteger al trabajador.
Gracias por leer estas líneas de desesperación y no pongo mi nombre y mi apellido porque encima me arriesgo a recibir una demanda por injurias porque si bien mis pruebas no valen ante un Juzgado, la empresa podría utilizar este escrito para denunciarme a mí.
Vamos una cosa de locos pero esto es lo que ahí por ahora...
Fuente:
María Rodríguez (Cartas al Director, en Telde Actualidad.com)
Ver fuente de la imagen

3 may 2009

El acoso en el trabajo, "muy difícil de probar"



Aunque las situaciones de acoso moral en el trabajo (Mobbing) cada vez son más frecuentes, también las técnicas que utiliza el protervo son cada vez más sutiles y enredosas. De ahí que se construya una espiral, una tela de araña que envuelve la realidad de la víctima hasta confundirla con lo imaginario. Mucho tiempo en esta situación convierte a las personas que sufren acoso laboral en trozos de lo que fueron una vez, en auténticos pedazos inconexos. Por esto último, el acoso en el trabajo es tan difícil de probar.

El acoso es una estrategia intencionada, maquinada por personajes indignos que pasan de la ética y a quienes sólo les importa su ombligo y su bolsillo. No quiero decir con esto que esos personajillos grises sean inteligentes ni que puedan valerse por sí mismos. Por el contrario, son indecisos a la vez que ambiciosos; son dependientes aunque quieran aparentar autonomía y necesitan de personajes de su misma calaña (grises, tramposos y serviles) que den la cara por ellos porque, además de todo, son unos cobardes. Justamente por eso tejen cuidadosamente sus artimañas y se rodean de otros estómagos agradecidos a quienes consideran “sus sirvientes”. Todos juntos se retroalimentan, se transforman en “poder” (que con su pan se lo coman) y se reparten las más miserables funciones con un único objetivo: rodear hasta dejar exhaustos a quienes no se une el rebaño, a quienes no se han dejado manipular, a los que no han querido ser “sirvientes”.

Una de las funciones que se reparten es la manipulación: si de varias bocas con lenguas viperinas salen las mismas frases y éstas se dejan caer en diferentes ámbitos, la difamación se extiende… Así calificaciones que parecen intranscendentes (es una persona un poco caprichosa; la pobre no sabe lo que quiere, tiene problemas…) terminan estigmatizando a la persona de quien se habla. Una vez, tachada ésta de los que no es, toca la fase del aislamiento: hacerle el hueco, mirarla con desprecio, hablar a sus espaldas, continuar difamándola, intoxicar a quienes tratan con ella y, si se tercia, insultarla. En las situaciones de mobbing todo está permitido, incluida la falta de respeto, porque nadie tiene rostro ni tampoco corazón; se utiliza la técnica de encubrimiento entre todos los sirvientes para atacar cruel y sutilmente a la víctima, que es la única señalada.

Abonado el terreno, queda machacarla laboralmente y eso se consigue haciéndole luz de gas: no te enteras, yo no he dicho eso, cómo que no has terminado el trabajo, que mala cara tienes, ¿te encuentras bien? Esto forma parte de la estrategia que tiene como objetivo quitar de en medio a quienes no son como ellos, a quienes no se dejan manipular, a quienes creen en la ética, a quienes pueden, incluso, tocarles las narices si abren la boca. En algunos casos, la persona acosada no da crédito a lo que sucede e incluso llega a confundir la situación real que vive con algo imaginario que puede estar sucediéndole.

Durante el interminable proceso del mobbing nada es casual; por el contrario, todo es causal; nunca sucede nada por casualidad y siempre tiene complejas causas y porqués. Las consecuencias de esta situación son tan tremendas como incalculables para la víctima, quien termina machacada en su salud física y psíquica al igual que en su entorno social más cercano (familia, amigos, parejas, etc.). La persona acosada vive a fuerza de fármacos para poder hacer un poquito de vida normal; lo que ya nadie le va a devolver es el tiempo de vida que le han robado.
A pesar de que el tema sea sangrante y se esté convirtiendo en una de las epidemias del siglo, muy pocos casos de mobbing llegan a los juzgados y, si llegan, pocos terminan probándose ni a favor del denunciante. Y es que, dado el maltrato de guante blanco, son muy difíciles de probar
como se recoge en la Edición digital de la Región donde se confirma lo que hemos expuesto con anterioridad y, además, añade:

Los expertos dicen que el acoso moral en el trabajo sufre una tendencia al alza que se refleja en las encuestas -en torno a un 15% de la población laboral en 2005- pero no en los juzgados. Y es que, como señala la abogada Virgina Villar, ‘el acoso laboral es una situación que existe pero que presenta unos perfiles que son muy difíciles de probar ya que genera una situación emocional en la víctima que lleva a la incredulidad por parte de sus compañeros. La persona acosada se resiente y cuando es capaz de verbalizar lo que le ocurre, su afección emocional hace que lo diga de tal manera que es “cuestionada”.
Por ello, según fuentes judiciales, las denuncias que llegan a los juzgados no reflejan la realidad, pues en los casos en que el acoso laboral desemboca en despido se abordan como tal. Es más, ‘algunas veces la víctima prefiere, incluso, que el caso se resuelva por otra vía, ya que la mayoría de las veces es una situación que se produce entre la víctima y el acosador, y la primera no tiene la oportunidad ni de pedir la cuenta’, dice Virginia Villar. A su juicio, todavía es muy difícil de probar’ una situación de estas características.
Villar considera que ‘en el caso de que la víctima sea una mujer, es todavía más difícil ya que en muchos casos suele tener el perfil de una proposición no correspondida. Cuando el superior se ve no correspondido, el acoso laboral es tremendo’. (
Leer más en http://www.laregion.es/noticia/89447/acoso/trabajo/mobbing/dificil/demostrar/consecuencias/)

Desde La Mirilla observamos que la cuestión no es que el diagnostico de las personas que sufren mobbing sino que mientras los psicólogos y médicos psiquíatras diagnostican depresión, estrés o ansiedad y tratan la enfermedad como consecuencia de la presión y acoso moral, legalmente no se entra en las causas de esos padecimientos (enfermedades provocadas por el trabajo), que se consideran como enfermedades comunes y no enfermedades o accidentes laborales.

5 abr 2009

El Acoso psicológicco en el trabajo asesina lentamente

Pensaba que la angustia se debía al paso del tiempo, a la sensación de haber perdido una década de vida porque, como yo digo, la están envenenando lentamente.
¡Ha llorado a lágrima viva! Una vez más, hasta que no se ha tranquilizado después de ingerir el fármaco prescrito por el médico, no ha podido incorporarse del sofá. “¡Mañana es lunes –eso sí santo- y tengo que volver a enfrentarme a mi situación laboral. No tengo fuerzas!”, me ha dicho.
La verdad es que vivir a fuerza de fármacos es como resistirse a que te roben la vida, es vegetar de forma artificial. Y todo por estar en manos de un personaje autoinvestido de autoridad, narcisista que cree justo ejercer un papel destructor con personas que no son de su agrado y que utiliza la ley para legalizar lo ilegal. Actitud, apoyada por unos indignos compañeros que justifican, vuelven la cara o apoyan esta situación, ya sea de forma explícita o implícita, por acción u omisión.
El acoso laboral vulnera Derechos Fundamentales de las Personas, regulados y recogidos en la Constitución Española de 1978, que se interpreta de acuerdo con la Declaración Universal de los Derechos Humanos; vulnerar Derechos Fundamentales de la Constitución Española contra el honor, e infringe un trato que menoscaba la integridad moral de la persona, recogido en el Código Penal. La Reforma del vigente Código Penal, de 21 de noviembre de 2008, crea la figura del delito de Acoso Laboral, mediante la inserción de un nuevo párrafo al Art. 173.1 Asimismo el acoso laboral viene tipificado como falta grave en el Estatuto Básico del Empleado Público, en el ámbito de la Administración Española. A todo esto se le une la jurisprudencia del Tribunal Supremo 30/01/2008, Rº 2534/2006, por el cual el trabajador que demande a un empresario por acoso, también deberá, obligatoriamente, sentar en el banco de los demandados al causante o causante del mismo, como se recoge en http://www.elpueblodeceuta.es/200904058203.htm
¡Ahora a demostrarlo! Complejo, difícil y doloroso proceso que puede volverse en contra de la víctima de mobbing. Como ejemplo, tenemos el caso Cejudo.

Fuente de la imagen: http://www.nicoletta.info/esp_htm/principal.htm

29 mar 2009

Los personajes de Gladiator y su identificación con las víctimas de mobbing

María Dolores Reguera Angulo(*), basándose en la película The Gladiador, identifica a los personajes de la películas con quienes participan en los actos de acoso laboral.

El argumento:

El emperador de Roma busca (transitoriamente) su sucesión en una persona honesta, trabajadora, responsable, profesional y querido por sus subordinados. Este hombre es Máximo jefe del ejército. Cómodo (hijo del César) espera ser proclamado emperador pero su padre le informa que esos deseos no podrán ser cumplidos porque no lo propondrá para que gobierne Roma. Máximo busca servir a Roma de modo leal, mientras A Cómodo sólo le interesa tener el poder y para ello hará cuanto sea necesario para eliminar a sus rivales.

Comienza el acoso:

- El general Máximo sabe que el César ha sido asesinado.

- Se niega a aceptar esa injusticia.

- No va a quedarse quieto ante esa situación.

- Esta actitud lo llevará a ser perseguido y bajado de categoría. De general a esclavo y luego a gladiador.

Síntomas del acoso:

El acosado está:

- Cansado

- Derrotado

- Abatido

- Hay un gran sentimiento de soledad

- Llora de tristeza, de dolor, de impotencia, de rabia.

- Tiene sueños recurrentes

- Pesadillas

- Apatía

- No quiere seguir luchando porque lo ha perdido todo

- Entonces, ¿para que luchar?

- Trata de arrancarse cualquiera de los símbolos de los que antes se sentía orgulloso, a los que defendía, a los que servía.

- No es capaz de explicar con palabras todo lo que le está ocurriendo.

Hay que luchar:

Cuando se está abatido no se lucha… ¿para qué? Pero antes o después, se comienza a pelear por recuperar lo perdido; se observa que todos cuantos se tienen que defender sienten miedo aunque lo expresen de diferentes formas. Siempre el enfrentarse a algo desconocido provoca miedo.

Características del acosador:

- Es narcisista.

- Megalómano

- Ambicioso

- Perverso

- Busca el poder y llega a obtener el poder legítimo porque es el César pero el método que utiliza es el coercitivo

- Amenaza a aquellos que sean críticos con su forma de gobernar.

- Acalla cualquier testimonio que vaya en su contra

- Es obsesivo

- Y colecciona maquetas y figuras humanas en miniatura

Estrategias para luchar:

El jefe de los gladiadores era un antiguo acosado el cual ganó su libertad y da consejos para combatir de un modo eficaz:

- No por ser el mejor vas a ganar. Es decir, no por tener razón vas a ganar un juicio

- Has de ganarte a la gente. Esto es, has de conseguir apoyos externos: apoyo familiar, social, médico, psicológico, psiquiátrico, jurídico, económico….

- Y aún así hay que ir protegido. Este es el símbolo del peto que le regala el jefe de los gladiadores a Máximo

- Un acosado no sabe a qué se va a enfrentar, pero si le será más fácil sobrevivir uniendo sus fuerzas con el resto de los acosados. “Agrupaos. ¡¡¡¡¡¡No os separéis!!!!!!

- Aunque se gane una batalla ante el acosador, eso no significa que se haya ganado la guerra.

El Nick, la máscara en la película, es conocido por todos aquellos que escriben en los foros contra el acoso. Sirve para protegerse.

La desconfianza:

El proceso del acoso transforma a la víctima.

- La testigo mudo se da cuenta que el acosado está venciendo

- Le ofrece ayudarlo porque ella está siendo acosada

- Y quiere ver de nuevo a esa persona que existía antes de que comenzara el acoso.

- Pero, ¿cómo se puede confiar en un testigo mudo?

La provocación:

- El acosador trata de incitar al acosado para que muestre en público los sentimientos que tiene hacia el.

- Y que vea todo el mundo que quien actúa mal es el acosado.

- Si se responde a la provocación, el acosador será quien continúe escribiendo el guión.

- Si el acosado no responde a esa provocación será el quien comience a escribir el guión, su guión.

Todos los protagonistas coinciden en el campo de batalla: Es un símil como ocurre en los juzgados. Ahora cada uno va a tener que posicionarse

- El acosador va a seguir buscando el jugar con ventaja

- El acosado vuelve a ser herido por el acosador

- Aún cuando el acosado cree que ha ganado la última de las batallas, el acosador le tiene preparada una sorpresa y de nuevo hay que comenzar a pelear.

- El tonto útil cuando se da cuenta que el César ya no tiene poder, deja de obedecerlo y va a servir a Máximo que es el nuevo jefe.

- La testigo muda observa como va la lucha, el juicio. Se queda callada hasta que el acosado gana. Aunque ella también está siendo acosada, tiene miedo de hablar porque no quiere que le ocurra lo mismo que a Máximo. Cuando Máximo consigue eliminar de la organización al acosador, ella se siente liberada y lo proclama abiertamente.

- La organización sólo observa como discurren los acontecimientos.

Conclusiones:

Ninguna persona por muy buena que sea, por mucha razón que tenga, por muchas pruebas que acumule no puede luchar sola ante una organización. Necesita primero estar fuerte física y psíquicamente. Luego necesitará buscar los apoyos externos y las estrategias adecuadas para poder afrontar con éxito su objetivo.

(*) Lola Reguera Angulo.

Psicóloga Clínica (Marbella, mayo de 2003)

Fuente: http://www.cop.es/infocop/pdf/1086.pdf



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