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12 ago 2009

Los abrazos no dados


Muere alguien cercano –y, créanme, estoy en una edad en que ello sucede a menudo-, y me pregunto si le abracé lo suficiente. La memoria contiene atenciones dedicadas a la piel, al perfume de cada uno. En mi olfato evocador permanecen los referentes de esa persona con la misma exactitud con que ahora mismo, si cierro los ojos, evoco el olor de la gente viva a la que quiero, tanto si permanece lejos como si voy a encontrármela en el transcurso del día de hoy. Registramos la percepción que recibimos de las personas amadas –y hay muchas formas de amar, afortunadamente–, el aroma que desprenden y la manera en que nuestra capacidad para el encuentro lo adopta y clasifica. Pues se mezclan, en los sentimientos que perdurarán para el recuerdo convertidos en una sensación única, el olor del otro y nuestro don más o menos afilado para recibirlo.
Y es entonces, cuando alguien muere, y te llegan a los sentidos el vaho de su cabello en verano, la frescura de sus pecas en invierno, el mensaje de su ropa… Es entonces cuando te preguntas si os abrazasteis lo bastante.
Inevitablemente, uno mira alrededor para comprobar si está abrazando lo bastante a quienes le rodean y le importan. Y comprende que hay mucho abrazo vano y mucho besuqueo en el aire, pero que nos falta acercar el pecho, darse con el torso uno de esos toques profundos, una de esas transmisiones de afecto que el otro metaboliza, que acompañan.
¿Se han dado cuenta de la cantidad de personas que retroceden un paso cuando pretendemos abrazarlas así? Sobre todo hombres. Los hombres sufren, para su desgracia –no es el caso de los gays, desde luego-, de falta de aprendizaje para los contactos que no sean sexuales. La ternura los inunda, pero carecen de espitas para darles cauce. Entonces los abrazas y callan, temiendo que se vaya a abrir el mar Rojo y los vaya a engullir, o que se vaya a abrir el mar Rojo y sencillamente los escupa. Es decir, temiendo, pero no sabiendo qué temer. Estamos en una época en que el contacto físico sentido, no el de las palmadas en los hombros ni las formalidades, acobarda.
No hablo de amantes –ése sería otro cantar: que hablen quienes aún tienen hormonas–, hablo de amigos. ¿Nos apretamos las manos, no para saludarnos, sino para comunicarnos? ¿Lo hacemos en público, sin importarnos los demás sólo porque nos lo pide el cuerpo, sólo porque nos parece necesario, sólo para decir “estoy aquí, contigo, como siempre”? A veces sí. Pero no con tanta frecuencia como deberíamos.
Hay personas ríspidas, hirsutas, erizadas. Me faltan definiciones, pero muchas tienen que ver con los moluscos. Mal educadas en las emociones físicas, con una infancia a cuestas que aún destila sequedad o exceso de leche materna, y que tienden a envararse, confundiendo la sobriedad con el papel de lija.
Hay gente que no sabe abrazar y que no lo sabrá nunca, con lo que eso supone de soledad interna para ellos, y de despellejamiento de los abrazos de uno, de frustración. Y hay gente que abraza demasiado, tanto que se desvaloriza, y termina dando tanto que da muy poco.
Pero entre medias hay personas que aprenden a abrazar, que superan el miedo al compromiso –o simplemente, a no saber hacerlo, a que se les note la falta de costumbre– y que se van abriendo de a poquitos. Créanme de nuevo –pues entre lectores y leídos siempre hay algo de relación de mutua fe–, es una sensación extraordinaria asistir a eso, al descubrimiento de los tiernos gestos físicos, gestos amistosos hasta el tuétano, gestos puntuales que acercan más que las palabras o que dotan de sangre y calor a las palabras, o que hablan con una elocuencia para la que aún no hemos inventado palabras.
Hay personas que aprenden a abrazar, y personas que aprendemos a apreciar su esfuerzo y a respetar sus caminos. Y agradecemos que eso ocurra, porque es un trabajo que habremos hecho en vida y del que nadie se arrepentirá.

Fuente del texto: MARUJA TORRES (09/08/2009)ç
Imagen: Cometas en el cielo de Essaouira (Marruecos), por Soledad Flaubert

4 jun 2009

Los otros abrazos


Hace unos días, después de ver la película de Almodóvar, Los abrazos rotos, escribí en este blog: “Entre los abrazos apretados y los abrazos rotos, me quedo con el calor de los primeros y con la música de los segundos”
Aquel post lo acababa diciendo "Otro día hablaremos de los otros abrazos..." Y es que entonces los tenía en la cabeza pero me faltaba tranquilidad para describirlos y tampoco tenía la mente clara para hacerlo. Hoy no es que me sienta inspirada ni tenga la cabeza despejada; es que me ha dado un avenate sin saber el porqué.
Lo que sé es que con un abrazo se expresan muchas cosas: sentimientos y sensaciones varias, se cuentan secretos que no dicen las palabras y se muestran verdades que ni los ojos reflejan. Además, muchos abrazos se dan con los ojos cerrados. Los abrazos son caricias para cuerpo y también para el alma, son el lenguaje de los sentimientos. Hay infinitas clases de abrazos. Por ejemplo:
Abrazos dulces: se dan despacio y pueden ser, a la vez de tiernos y suaves, cariñosos y apretados. Al igual que los besos pueden entregarse en cualquier parte de cuerpo, en cualquier parte digna de ser acariciada.

Abrazos de agua: ahogan la sed y, como el agua, pueden dar vida igual que los besos. (No tiene por qué darse en baño compartido ni debajo de agua).
Abrazos apasionados: se dan como si el mundo fuese a terminarse y, como los "besos largos", nunca sacian...










Abrazos eróticos
: indescriptibles, incontrolables y tan devoradores como el deseo o la imaginación...
También hay Manojos de abrazos









Éstos, los otros y aquellos abrazos que siempre dejan tatuajes indelebles en el alma, en la piel se expresan sin palabras y, ya digo, se ven con los ojos del corazón.
Aunque los abrazos no puedan clasificarse porque sus formas son infinitas, sus causas variadas y sus interpretaciones subjetivas, antes de acostarme quiero decir que hay Abrazos rotos: aquellos que nuca se dieron de verdad, los que se quedaron a la mitad, los que se rompieron. .. Éstos, junto con los besos perdidos, hieren con el paso del tiempo; sobretodo, si has dejado de dárselos a alguien que ya no está.

- Ver fuente del abrazo imagen primera
- Ver fuente de Manojo de abrazos
- Ver fuente del abrazo erótico
- Ver fuente de los abrazo de agua
- Abrazos apasionados
- Abrazos de Pasión

22 may 2009

Para quienes se han instalado en mi corazón


Para quienes nos hemos encontrado en la vida, en cualquier lugar o por alguna razón... Siempre las hay...
Para quienes, a pesar de todo (de mis escapadas, huidas, desapariciones, poca capacidad de planificación), siguen ahí, permanecen a mi lado. Espero que vengan tiempos mejores.
Para aquellas personas con quienes, en algún momento, he compartido algo de lo que queda un buen sabor de boca porque "eso momentos están instalados en nuestros corazones".
Para quienes pasan por aquí y, de vez en cuando, dan un vistazo por esta Mirilla
Con música de ENYA "China Roses"

ONLY TIME

20 abr 2009

El eco de los abrazos rotos



Entre los abrazos apretados y los abrazos rotos, me quedo con el calor de los primeros y con la música de los segundos


MIGUEL POVEDA: A CIEGAS
Como este video de YOUTUBE ha durado poco en la red y su "Inserción desactivada por solicitud", os pongo un enlace para que lo veáis:
http//www.youtube.com/watch?v=E3CJiJX-qLE



Otro día hablaremos de los otros abrazos...


Fuente Imagen 2:
http://negrorrevoltoso.espacioblog.com/post/2008/09/24/un-viejo-poema

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