Aunque las situaciones de acoso moral en el trabajo (Mobbing) cada vez son más frecuentes, también las técnicas que utiliza el protervo son cada vez más sutiles y enredosas. De ahí que se construya una espiral, una tela de araña que envuelve la realidad de la víctima hasta confundirla con lo imaginario. Mucho tiempo en esta situación convierte a las personas que sufren acoso laboral en trozos de lo que fueron una vez, en auténticos pedazos inconexos. Por esto último, el acoso en el trabajo es tan difícil de probar.
Una de las funciones que se reparten es la manipulación: si de varias bocas con lenguas viperinas salen las mismas frases y éstas se dejan caer en diferentes ámbitos, la difamación se extiende… Así calificaciones que parecen intranscendentes (es una persona un poco caprichosa; la pobre no sabe lo que quiere, tiene problemas…) terminan estigmatizando a la persona de quien se habla. Una vez, tachada ésta de los que no es, toca la fase del aislamiento: hacerle el hueco, mirarla con desprecio, hablar a sus espaldas, continuar difamándola, intoxicar a quienes tratan con ella y, si se tercia, insultarla. En las situaciones de mobbing todo está permitido, incluida la falta de respeto, porque nadie tiene rostro ni tampoco corazón; se utiliza la técnica de encubrimiento entre todos los sirvientes para atacar cruel y sutilmente a la víctima, que es la única señalada.
Abonado el terreno, queda machacarla laboralmente y eso se consigue haciéndole luz de gas: no te enteras, yo no he dicho eso, cómo que no has terminado el trabajo, que mala cara tienes, ¿te encuentras bien? Esto forma parte de la estrategia que tiene como objetivo quitar de en medio a quienes no son como ellos, a quienes no se dejan manipular, a quienes creen en la ética, a quienes pueden, incluso, tocarles las narices si abren la boca. En algunos casos, la persona acosada no da crédito a lo que sucede e incluso llega a confundir la situación real que vive con algo imaginario que puede estar sucediéndole.
A pesar de que el tema sea sangrante y se esté convirtiendo en una de las epidemias del siglo, muy pocos casos de mobbing llegan a los juzgados y, si llegan, pocos terminan probándose ni a favor del denunciante. Y es que, dado el maltrato de guante blanco, son muy difíciles de probar
Los expertos dicen que el acoso moral en el trabajo sufre una tendencia al alza que se refleja en las encuestas -en torno a un 15% de la población laboral en 2005- pero no en los juzgados. Y es que, como señala la abogada Virgina Villar, ‘el acoso laboral es una situación que existe pero que presenta unos perfiles que son muy difíciles de probar ya que genera una situación emocional en la víctima que lleva a la incredulidad por parte de sus compañeros. La persona acosada se resiente y cuando es capaz de verbalizar lo que le ocurre, su afección emocional hace que lo diga de tal manera que es “cuestionada”.
Por ello, según fuentes judiciales, las denuncias que llegan a los juzgados no reflejan la realidad, pues en los casos en que el acoso laboral desemboca en despido se abordan como tal. Es más, ‘algunas veces la víctima prefiere, incluso, que el caso se resuelva por otra vía, ya que la mayoría de las veces es una situación que se produce entre la víctima y el acosador, y la primera no tiene la oportunidad ni de pedir la cuenta’, dice Virginia Villar. A su juicio, todavía es muy difícil de probar’ una situación de estas características.
Villar considera que ‘en el caso de que la víctima sea una mujer, es todavía más difícil ya que en muchos casos suele tener el perfil de una proposición no correspondida. Cuando el superior se ve no correspondido, el acoso laboral es tremendo’. (Leer más en http://www.laregion.es/noticia/89447/acoso/trabajo/mobbing/dificil/demostrar/consecuencias/)
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